– A juicio de María Fernanda Vásquez, profesora titular de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca, la salida tiene que estar orientada a fijar metas concretas como es la modernización del Estado (qué rol debe tener) y una transformación del sistema económico que ofrezca mayor  equidad a la ciudadanía.

La académica de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca, María Fernanda Vásquez, realizó un análisis de la crisis social que, a su juicio, se ha canalizado hasta ahora en la violencia ejercida por ciudadanos y uniformados, y en las posibles causas del conflicto que sacude al país.

“Son temas relevantes”, advirtió la docente, “pero en este trayecto aún no se han planteado de forma consistente cuáles son las posibles salidas y si contamos con los mecanismos adecuados para la gestión y solución de aquellos”, afirmó la abogada.

En ese sentido, señaló que una parte de quienes han reflexionado sobre el estallido “ha intentado reconducir el conflicto a soluciones parceladas y dicotómicas, como ha ocurrido con la discusión sobre la pertinencia de la reforma a la Constitución Política y la Asamblea Constituyente, pero ello no es suficiente”.

“Mientras el gobierno ha ofrecido otras soluciones que no parecen calmar los ánimos de la ciudadanía al verse como ‘parches’ o ‘maquillaje’, de manera que no han logrado la finalidad pretendida”, prosiguió Vásquez.

A su juicio, estos enfoques son oportunos y las medidas conducentes, sin embargo “ni parecen concluyentes ni satisfactorios, lo que nos hace temer que esta crisis no se resuelva en un breve plazo”.

Por tal razón, dijo, el país “sigue transitado en penumbras, sin saber qué ocurrirá el día de mañana, lo que ha  terminado mermando –en menor o mayor medida- nuestra calidad de vida. A modo de ejemplo, la mayor parte de las universidades han debido suspender sus actividades docentes, algunos colegios han debido cerrar el año escolar, cientos de personas no pueden desplazarse a sus trabajos o ello les resulta más costoso; y otros tantos han perdido su fuente laboral”.

En ese tenor, resaltó que la inercia y el temor provocan que no se mire al conflicto de frente, “que no reconozcamos sus causas, ni asumamos responsabilidades, y esto sólo conlleva que no se gestionen correcta ni oportunamente sus posibles soluciones, provocando un incremento del mismo”.

En ese marco, concluyó que la cuestión de fondo es que Chile carece de un sistema de solución de conflictos sociales, que permita alcanzar soluciones aceptables que no generen un efecto rebote.

“No es tarde para reflexionar en ello. Entender el conflicto como inherente a la condición humana, nos ha permitido avanzar en mejores diseños sobre su manejo. Despejar las distintas variables a considerar, jerarquizarlos de acuerdo a su grado de importancia o prioridad, y establecer interlocutores válidos, son eslabones que resultan a todas luces insoslayables”, hizo hincapié la académica de la UTalca.

En esa línea, propuso dos enfoques atendibles. La resolución y la transformación de los conflictos sociales. “En Chile, ambos caminos podrían adoptarse de forma escalonada, el primero para resolver los temas más urgentes y el segundo para avanzar en la estabilidad social. Para ello se requiere un t​rabajo conjunto del Ejecutivo y Legislativo, y convocar a todos los sectores políticos y no políticos”, enfatizó Vásquez.

En este sentido, dijo, «debemos observar lo que ocurrió en Francia, que de alguna manera es análoga a nuestra crisis. Si las confrontamos veremos que efectivamente tienen componentes similares, toda vez que el conflicto francés también se desató por un alza (en este caso al diesel), el movimiento no tenía líderes identificables y creció prontamente a través de las redes sociales con el apoyo de la izquierda, derecha, y muchos moderados. En esta línea, debemos observar cómo Macrón logró solucionar la situación».

Vásquez explicó que en ese país las protestas se extendieron en el tiempo, y las exigencias no solo se limitaron al impuesto al combustible, sino que a otras demandas sociales, como la restitución al impuesto a la riqueza e incluso los manifestantes llegaron a pedir la renuncia de Macron. «Si bien en un principio se mantuvo firme, luego cambió el  tono y apostó por un trato conciliador. Así, aceptó parte de la responsabilidad en la crisis. Pero no solo se quedó ahí, pues introdujo nuevas medidas, incluyendo un alza del salario mínimo, pago de horas extraordinarias libres de impuestos y exenciones fiscales a los jubilados. Pese a esto, las protestas continuaron hasta fines de diciembre, pero con menor visibilidad», manifestó la abogada.

A pesar de ello, detalló, el 15 de enero lanzó un debate nacional a gran escala para recabar las opiniones de los ciudadanos sobre la orientación de sus próximas reformas en respuesta a la crisis. En una carta abierta dividió el conflicto en cuatro grandes temas: impuestos, organización del Estado, transición ecológica y democracia ciudadana. Por ejemplo, preguntó qué impuestos había que bajar, qué servicios públicos se debían suprimir, si había nuevas necesidades de servicios públicos y cómo se debían financiar. Se efectuó un gran debate nacional, que se extendió por dos meses de manera exitosa. Se realizaron 10.405 reuniones locales, el doble de lo previsto; 16.000 cuadernos de quejas y 1,8 millones de propuestas on line realizadas por 577.000 internautas».

Posteriormente, dijo, se contrató a dos empresas para procesar los datos y luego las propuestas fueron debatidas por ambas cámaras del Congreso. Al mismo tiempo, Macron cumplió con su promesa de recorrer el país, lo que le ayudó a subir ocho puntos en las encuestas. Finalmente, en abril, el mandatario anunció medidas entre las que estaban la reducción del impuesto a la renta y el aumento de las pensiones, así como también presentó un proyecto de descentralización.

Dada la envergadura de nuestro conflicto ​“debemos fijar metas concretas como es la modernización del Estado (qué rol debe tener) y una transformación del sistema económico que ofrezca mayor  equidad a la ciudadanía. Para ello se debe aprender a escuchar, conversar, realizar diagnósticos y construir posibles soluciones. Algunos de estos caminos podrán ser consultados a la población por medio de plebiscitos y otros pasarán por efectuar reformas al sistema económico, normativo e institucional. Se trata de un proceso complejo, pero factible”, concluyó la académica.