Según el último reporte del Ministerio de Salud (Minsal), entregado el jueves 8 de abril, 7.206.185 personas han sido vacunadas contra el coronavirus, y cerca de 3 millones de ellas corresponden a adultos sobre 60 años de edad. Por otra parte, 4.332.300 individuos ya han recibido dos dosis del medicamento.

Sin embargo, con el paso de las semanas, surge la inquietud sobre cuán efectivas son las vacunas en medio de la aparición de nuevas variantes en Chile y el mundo entero. Frente a este escenario, cabe preguntarse además qué tanta efectividad pueden tener las vacunas que se están aplicando y se aplicarán en nuestro país si el virus va cambiando constantemente.

El Instituto de Salud Pública (ISP) se encuentra secuenciando todas las sospechas de variantes presentes en el territorio nacional y, según anunció el Minsal, durante las próximas semanas se aumentarán los análisis. Hasta el momento, solo se ha confirmado la presencia de las variantes brasileña y británica en nuestro país.

El académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Ricardo Soto-Rifo, explica que las vacunas que están actualmente autorizadas para su uso de emergencia fueron diseñadas contra “el linaje ancestral o la variante original de Wuhan, cuya secuencia fue liberada en enero, y estas vacunas están hechas principalmente para que generen inmunidad contra la variante original”. No obstante, agrega, han surgido nuevas variantes que tienen “pequeños cambios, principalmente en la proteína Spike, que es en el fondo el antígeno principal que presentan la mayoría de las vacunas”.

Asimismo, el académico de la Escuela de Salud Pública, Dr. Jorge Ramírez, afirma que si uno contagia a otra persona, el virus tiene la posibilidad de realizar algunos cambios genéticos. “Cuando estamos hablando de estas variaciones, en general, son cambios muy pequeños desde el punto de vista biológico, pero que pueden tener distintos resultados. Gran parte de estas variantes pierden su poder de replicación y desaparecen. Hay otras que son simplemente una variación, que cuando uno hace el examen genético del virus, ve que hay un cambio, pero el virus se sigue comportando de la misma manera. Y hay otras, que son las que nos interesan particularmente ahora, que pueden tener algún aumento en su grado de contagiosidad, es decir, una persona que porte ese virus con esta nueva variación es capaz de infectar a más personas, o un aumento en la severidad”, asegura.

Efectividad de vacunas según variantes

El profesor Soto-Rifo, quien por estos días desarrolla un estudio sobre el impacto de las variantes en personas vacunadas y también contagiados con COVID-19, dice que la única forma en la que se ha visto cuál es el impacto de las variantes en las vacunas es “a través de ensayos de neutralización. Es decir, se toma el suero de personas vacunadas y luego comparas la eficacia de los anticuerpos neutralizantes contra la variante original para la cual la vacuna fue diseñada y comparas la eficacia contra las variantes nuevas”. Esto, según explica, permite ver en qué porcentaje cambia la neutralización.

Y, agrega que “la única forma de saber si la vacuna se ve afectada por las variantes tendría que ser en la vida real, secuenciando los virus que tengan personas vacunadas que se reinfectan. Esa es la única forma de saber si en el fondo hay variantes que escapan de las vacunas».

A raíz de esto mismo, en Europa estudian la posibilidad de incorporar una tercera dosis en la población, a modo de refuerzo por la aparición de nuevas variantes. Según el académico Jorge Ramírez, es una posibilidad que aún no está determinada. Podría transformarse a largo plazo en “un esquema de vacunación nuevo, es decir que haya que vacunar el próximo año, después de todo un ciclo, a las personas o eventualmente que se pueda agregar una tercera dosis, que incluya la cobertura de estas nuevas variaciones”.

Ambos especialistas coinciden en que ninguna de las vacunas que hoy están siendo aplicadas ha demostrado que prevenga de la infección, por lo que reiteran la necesidad de mantener los cuidados y medidas sanitarias, aunque se esté inmunizado, tales como el distanciamiento social, el uso de mascarillas, alcohol gel y lavado constante de manos.

“Tenemos que empezar a hacer los estudios con personas vacunadas que se hayan contagiado para ver si efectivamente las variantes van a escapar a las vacunas», advierte el profesor Soto-Rifo, dado que «aún no existe un umbral que nos diga bajo este valor de anticuerpos neutralizantes estás protegido, o sea sobre este valor estas protegido, bajo este valor no lo estás. Entonces, es súper difícil poder atribuir una baja en los anticuerpos neutralizantes a una pérdida de eficacia de la vacuna».