Los resultados de este estudio anual de la Universidad Andrés Bello muestran una amplia preferencia por un modelo económico basado en la innovación y el desarrollo tecnológico, a la vez que una reactivación postpandemia que considere el desarrollo sustentable. Entre otros aspectos relevantes, destaca la irrupción de la sequía como el problema medioambiental que más afecta al país.

 

El Centro de Investigación para la Sustentabilidad (CIS) de la Universidad Andrés Bello dio a conocer los resultados de la IX versión de la “Encuesta de Actitudes hacia el Medio Ambiente”, sondeo realizado anualmente en Santiago, Viña del Mar y Concepción. Dada la particular coyuntura país, a las áreas tradicionalmente abordadas –transporte, reciclaje, biodiversidad, cambio climático, entre otras- se sumaron este año preguntas referentes a nueva Constitución y pandemia.

 

Así, al consultar por los temas más importantes a considerar en la redacción de una nueva Carta Magna, los cinco más mencionados son salud (65%), educación (58%), pensiones (44%), medio ambiente (38%) y agua (25%). Para Claudio Azat, director del CIS-UNAB, “esto abre la puerta a la idea de una Constitución ecológica que permita garantizar un medio ambiente sano, los derechos de la naturaleza, y un desarrollo ecológicamente sustentable que no ponga en riesgo la salud de las personas”.

 

Con respecto a la posibilidad de establecer un nuevo modelo de desarrollo económico para el país, entre las opciones de respuesta múltiple destaca, con un 94% de las menciones, una economía basada en la innovación y el desarrollo tecnológico. Para Iván Franchi, investigador del CIS, “es esperable que en una nueva Constitución, como también en otros procesos legislativos y políticas públicas, se reconozca el aporte, desde la evidencia, que genera la ciencia. A esto se suma avanzar en procesos de democratización del conocimiento, donde todas las personas puedan tener acceso y tomar decisiones con mayor certidumbre sobre el desarrollo y la sustentabilidad de sus ciudades, comunas y regiones”.

 

Asimismo, el estudio indagó respecto a aquellos conceptos fundacionales ligados a medio ambiente que debiesen ser prioritarios, destacando en este ítem el agua como bien de uso público con el 62% de las tres primeras menciones, el desarrollo sustentable (55%), la nacionalización de recursos naturales (48%) y el derecho a vivir en ecosistemas saludables (46%). 

 

Por otra parte, en relación a la reactivación económica postpandemia a nivel global, la mayoría de los chilenos (57%) cree que ésta debe basarse en el desarrollo sustentable con respeto por el medio ambiente. “Preparar nuestra vida en escenario de pandemia demanda nuevos modelos de ciudad que nos garanticen condiciones sanitarias y ambientales, los cuales sólo son posibles construyendo ciudades más sustentables y habitables”, complementa Iván Franchi. Para Gonzalo Medina, también investigador del CIS, esto implica un nuevo paisaje epidemiológico relacionado a “ciudades con más áreas naturales, con menos tiempo de transporte, con infraestructura más verde, menos espacio al automóvil, más espacio para los medios de transporte públicos, bicicletas y pedestres, con biotopos en su interior y periferias”.

 

En pandemia, chilenos prefieren automóvil, bicicleta y caminar 

 

Respecto al uso de medios de transporte, se observa un aumento considerable de la preferencia por el vehículo particular respecto a años anteriores, apareciendo como la primera opción del 53% de los encuestados (28% en 2018, 16% en 2019). En tanto, sólo el 5% y el 6% menciona el metro y la micro, respectivamente, como primera opción. 

 

Estos resultados, junto con un incremento de las personas que señalan la bicicleta propia (15%) y caminar (13%) como primera preferencia, se alinean al contexto de pandemia, en el que se buscaría evitar el contacto con otras personas. Para que estas dos opciones se mantengan, “resulta necesario adaptar la actual infraestructura viaria para que una mayor proporción sea destinada al tránsito peatonal y de bicicleta. Ambas modalidades son fundamentales en el contexto de pandemia, permitiendo el distanciamiento físico, pero también podrían permitir establecer una infraestructura y comportamiento de la movilidad que tendrá efectos sobre las emisiones GEI”, dice Iván Franchi.

 

En este sentido, cobra relevancia la baja calificación que los chilenos dan al sistema de ciclovías de sus respectivas ciudades, que a nivel general desciende de 3,8 (2019) a 3,0. Para Claudio Azat, se trata de “una nota muy deficiente que se puede deber a un mayor uso de las ciclovías durante estos meses, las cuales no han tenido mejoras en el último año y poseen muy baja conectividad entre comunas”.

 

Minería e industria forestal: los sectores más dañinos

 

En cuanto a los temas que los encuestados señalan como “más importantes”, el medio ambiente se mantiene en el 4to lugar luego de salud, trabajo, educación y seguridad. En relación al problema ambiental que más afecta al país, por primera vez la sequía irrumpe como primera opción, seguido por la deforestación y la basura. Así, por segundo año consecutivo, la contaminación del aire no es el principal problema de las grandes ciudades.

 

En relación al recurso hídrico en particular, los encuestados señalan que el principal problema (67% de las menciones) es la privatización del agua, asunto ampliamente discutido y vinculado a temas como la reforma al código de aguas.

 

Por otra parte, los sectores que las personas perciben como los más dañinos para el medio ambiente son la minería (33% en primera mención), seguido por la población y sus hábitos (30%) y la industria forestal (13%). “La minería casi se ha duplicado en su percepción negativa desde la medición del año 2018. La minería contamina y seca cursos de agua, lo cual es percibido negativamente por la población”, comenta Claudio Azat. Para Gonzalo Medina, “es interesante que ‘la población’ aparezca en segundo lugar, ya que implica un aumento del conocimiento de las responsabilidades del individuo respecto del medio ambiente”.

 

Con respecto al cambio climático, los resultados muestran que los chilenos reconocen el impacto de este fenómeno, pero desconocen cómo aportar para enfrentarlo. Los encuestados señalan como principales consecuencias del cambio climático la sequía (73% de las menciones) y el derretimiento de glaciares (69%); sin embargo, existe desconocimiento respecto a las acciones personales para combatirlo, ya que la opción mayoritaria, reciclar (46%), “tiene un impacto bajo en la lucha contra el cambio climático. En contraste, opciones menos consideradas como tener un hijo menos (7%) y comer menos carne (7%) están entre las más efectivas”, dice Claudio Azat.

 

Voluntad de reciclar v/s ausencia de infraestructura

 

En relación a los comportamientos ambientales, el estudio muestra que la práctica del reciclaje se ha ido extendiendo a una mayor proporción de la población, con solo un 6% de los encuestados que declaran “no reciclar” bajo ninguna periodicidad. Iván Franchi explica que, de acuerdo a los resultados, la mayoría del reciclaje se realiza en puntos limpios, lo cual exige que las personas se desplacen a esos espacios. “En efecto, el 60% de quienes dicen no reciclar manifiesta que requiere que el almacenamiento y/o recolección se ejecute en la vivienda o cerca de ella”, señala. Cabe mencionar que sólo el 27% de la población que declara reciclar lo realiza con frecuencia mínima de tres días. 

 

Por otro lado, con la excepción de los residuos orgánicos (restos de alimentos y jardín), se observa que a mayor nivel socioeconómico, mayor es la práctica del reciclaje de vidrio, plásticos, papeles, metales, entre otros. 

 

“Este comportamiento es completamente esperado, ya que sabemos que en comunas de menores ingresos existen menores tasas netas de reciclaje, como también menor infraestructura, equipamientos y servicios para ello”, dice Franchi, agregando que “hay que avanzar en un sistema de recolección segregada puerta a puerta; la estrategia basada en los puntos limpios o instalación de contenedores en la vía pública, no permitirá lograr mayores tasas de recuperación de materiales, tal como lo muestran experiencias internacionales y las propias metas de la Ley del Reciclaje”.

 

Ciudades y sector forestal: responsables de la pérdida de biodiversidad

 

Con un 79% de las menciones totales en 1era, 2da y 3era opción, las principales causas de pérdida de biodiversidad señaladas por los encuestados son el aumento de la urbanización y la industria forestal. Iván Franchi explica que las ciudades donde se aplica esta encuesta (Santiago, Viña del Mar y Concepción) “poseen un crecimiento importante que ha ido usando suelo rural, generando presión sobre los espacios biodiversos. A medida que crecen las ciudades no planificadas, el acceso a espacios naturales se hace cada vez más difícil, provocando la pérdida tanto de los servicios ecosistémicos como de los beneficios psicológicos y de bienestar directo a las personas que prestan los espacios naturales”.

 

En tanto, al solicitar una evaluación de las áreas verdes de sus respectivos entornos en una escala de 1 a 7, la nota a nivel general es de 3,9. Para Claudio Azat, esta reprobación “da cuenta de la mala organización de las ciudades de nuestro país, que no consideran el territorio en el cual se insertan, no son amigables con el medio ambiente, ni proveen de salud para sus habitantes”. No obstante, al consultar sobre cómo proteger la biodiversidad, “dos de las acciones con mayor impacto real como lo son comer menos carne y votar por candidatos verdes, tienen prácticamente nula elección, lo que denota la necesidad de divulgar y educar sobre la protección de la biodiversidad”, agrega Azat.

 

A menor nivel socioeconómico, complementa Iván Franchi, peor es la percepción de la calidad de las áreas verdes, demostrando la inequidad de estas infraestructuras urbanas. “Mientras hay comunas con más de 20 m2 de áreas verdes por persona, hay otras en las cuales no se alcanza el 1 m2 por persona. Precisamente esta población es la que además, para poder acceder a espacios o infraestructura verde, debe desplazarse de sus espacios locales, incidiendo doblemente sobre su propia calidad de vida”, concluye.