El Circo Tradicional en Chile; el Kimün trarikanmakuñ Wallmapu (técnicas, prácticas y conocimientos del teñido por reserva de la manta de longko), en las regiones del Biobío y La Araucanía; la Tejuelería en la región de Aysén; las Loceras de Pilén, en la región del Maule; y la Carpintería de Ribera, en la región de Magallanes, son los nuevos ingresos al Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile.

La decisión fue ratificada en las últimas sesiones del Consejo Nacional de la Cultura, las Artes y el Patrimonio, que asesora a la autoridad cultural.

“El ingreso de estas expresiones culturales al Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial, es un reconocimiento a estos cinco saberes del territorio, que representan tradiciones y formas de vida que, a través de esta vía, son puestos en valor y resguardados junto a sus propias comunidades”, dijo la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, presidenta del Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

El Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial tiene por objetivo organizar y conducir la gestión de los elementos de patrimonio cultural inmaterial presentes en el territorio chileno. Para esto, cuentan con un diagnóstico de su situación actual, basado en la investigación participativa, para gestionar con la comunidad su salvaguardia mediante herramientas y estrategias pertinentes para abordar problemáticas, riesgos y amenazas; así como también proyectar sus fortalezas.

Con el ingreso de estas cinco expresiones, son 26 las prácticas y conocimientos presentes en diferentes territorios.

Sobre las prácticas y técnicas

El Circo Tradicional en Chile es una práctica presente en todo el territorio nacional que da cuenta de una identidad propia, con gran variedad de conocimientos, técnicas, prácticas y tradiciones transmitidos por más de 200 años en el país. Este modo de vida, asociado a un arte del espectáculo que itinera casi todo el año, cuenta con una comunidad con una fuerte pertenencia y cohesión, que conforma un espacio cultural único, móvil y dinámico arraigado a la tradición y a la estructura familiar. Los saberes y técnicas se transmiten mediante la oralidad y a través de la práctica diaria de generación en generación, principalmente por familias consanguíneas. Se encuentra plenamente vigente, está absolutamente legitimado en el pueblo y resguardada por su comunidad cultora.

Por su parte, el Kimün trarikanmakuñ Wallmapu (técnicas, prácticas y conocimientos del teñido por reserva de la manta de longko en las regiones del Biobío y La Araucanía) integra distintos niveles de conocimientos ancestrales de las comunidades mapuche, que refieren por un lado a la cosmovisión y por otro, a los saberes propios del oficio como conocimientos, tecnologías y técnicas, que permiten a las mujeres interpretar y plasmar en una prenda las cualidades de quien la portará, como parte de su expresión en el mundo social. Esto, porque la trarikanmakuñ es usada tradicionalmente por hombres con el rol de longko en un lof, identificando con ella este cargo del portador como representante de la comunidad.

La Tejuelería en la región de Aysén, en tanto, corresponde a las técnicas y conocimientos para la elaboración de tejuelas labradas, en vínculo con especies arbóreas del territorio sur austral como el Ciprés de las Guaitecas y la Lenga, cuyo ejercicio se expresa como un oficio tradicional que requiere de especialización, siendo desarrollado por personas que son reconocidas en las localidades donde habitan como “tejueleros” o “tejueleras”. La práctica conecta con procesos históricos de poblamiento y arraigo en el territorio. Sus cultores manejan con maestría los distintos eslabones del proceso productivo, junto con conocimientos ecosistémicos (cursos de agua y bosques; la elección de los árboles idóneos por reconocimiento visual y auditivo), que luego del volteo, trozado y metaneo de los ejemplares escogidos da lugar a la extracción y labrado de las tejuelas, muchas veces en los mismos bosques.

Otra de las técnicas que ingresan al Inventario de Patrimonio Inmaterial es la realizada por las Loceras de la localidad de Pilén en Cauquenes, región del Maule, quienes desarrollan una alfarería con sello femenino, enraizada en la alfarería prehispánica. Las loceras son mujeres de diversas edades, originarias y/o residentes del sector rural de Pilén, que han aprendido el oficio por línea materna a través de generaciones. Generalmente fabrican sus piezas de forma individual, pero poseen una identidad colectiva, pues comparten saberes, historias, tradiciones familiares, relaciones de parentesco, técnicas de trabajo y lugares de extracción de materias primas, características que se expresan materialmente en sus diseños, tamaño, color y formas de las figuras.

Por último, la Carpintería de Ribera en la región de Magallanes, es un oficio especializado que consiste en la construcción artesanal de embarcaciones de madera, destinadas a actividades pesqueras, de transporte y turísticas, cuya transmisión ocurre fundamentalmente a través de la práctica, la observación y la transmisión oral por generaciones, a través de redes familiares y compañeros de oficio.

La técnica, presente también en el resto de las regiones del Sur Austral de Chile, consiste en un conjunto de saberes para la construcción de embarcaciones de madera, especialmente elaboradas para navegar en las condiciones marítimas australes, entre los cuales están los conocimientos ecosistémicos sobre la flora local para la selección de maderas nativas en lugares cercanos a Punta Arenas, Puerto Natales, Puerto Edén y Puerto Williams.; el conocimiento sobre mareas, clima y navegación, articulando en ello memorias territoriales indígenas. Es un trabajo artesanal estrechamente relacionado con actividades productivas y económicas, siendo los carpinteros de ribera aquellos maestros que cuentan con saberes para construir completamente una embarcación, junto con seleccionar las maderas.

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