1. A los abajo firmantes nos mueve el único propósito de servir al interés nacional, lo cual se logra cuando la política exterior es una política de Estado. El fallo sobre Bolivia en la Corte Internacional de Justicia es un buen ejemplo de lo que somos capaces de hacer y de obtener cuando actuamos unidos, con una sola voz, sobre la base de un consenso nacional. En este caso, que prestigia a la política exterior de Chile, gobiernos de distinto signo actuaron con total unidad de propósitos, manteniendo los equipos técnicos, con fluidos niveles de consulta e información con los distintos actores de la política exterior.

2. Lo anterior se logra y se ve facilitado cuando el presidente de la República, que es el conductor de la política exterior según lo dispone la Constitución, actúa como jefe de Estado; es decir, como símbolo de unidad de la nación, y no como líder de una coalición.

3. La no suscripción del Acuerdo de Escazú sobre cooperación ambiental en la región; la negativa a firmar el Pacto Mundial sobre Migraciones de Naciones Unidas (ONU), pese a que el presidente declaró en la Asamblea General de la ONU que estaba en perfecta armonía con la legislación migratoria nacional, quedando Chile en el club de los 8 estados que se abstuvieron y al lado de 5 países que votaron en contra; y el episodio de Cúcuta sobre la crisis venezolana, son todos ellos ejemplos de una lógica muy distinta, donde predominan la improvisación y la politización de la política exterior. En ninguno de esos casos ha habido los niveles de consulta e información que se requieren, como ha sido tradicional en la política exterior chilena. De hecho, el Consejo de Política Exterior, del que formamos parte, no ha funcionado en el presente año y desde hace muchos meses, a pesar de que ahora tiene una ley que lo ampara.

4. Respecto a la iniciativa conocida como PROSUR, en etapa de formación, valoramos que ahora se le defina solo un foro “de diálogo y colaboración”, y no como un organismo regional que reemplaza a otro organismo regional (UNASUR), en el entendido que esta última ya no se sostiene. Los organismos regionales ameritan ser establecidos mirando al largo plazo, para que, si cambia la orientación político-ideológica de los gobiernos de los países integrantes, los organismos no sean dejados de lado.

5. Si los presidentes sudamericanos no se habían reunido durante cinco años –y ya era hora de hacerlo– no se necesitaba crear un organismo regional para juntarlos. Nos parece errada la noción de que cada vez que exista un determinado alineamiento político-ideológico es necesario crear un organismo regional. Y, por cierto, fuimos de la opinión que los presidentes sudamericanos debían reunirse para abordar el complejo escenario internacional, aunque de allí, lamentablemente, no emanaron decisiones concretas al respecto.

6. Expresamos nuestra inquietud por la espesa institucionalidad de entidades regionales ya existente. La burocracia implícita en la creación de cualquier órgano regional amerita, en cambio, el uso de mecanismos informales y ágiles de coordinación y consulta, como el Grupo de Lima, en el ámbito político, y la Alianza del Pacifico, ojalá en coordinación con Mercosur, en el ámbito económico.

7. Respecto a la crisis humanitaria y política de Venezuela (cuyo régimen político no dudamos en calificar de dictadura), resulta especialmente preocupante el rechazo a la invitación de la Unión Europea (UE) a integrar el Grupo de Contacto para buscar una salida pacífica y democrática a la crisis, aparentemente por haber fijado la UE un plazo de 90 días, el que fue considerado como excesivo según el gobierno de Chile.

8. Esperamos que se corrija el actual rumbo de la política exterior. Igualmente, hacemos un llamado a convocar el Consejo de Política Exterior, así como al Comité de Ex Ministros de Relaciones Exteriores; a respetar y fortalecer el multilateralismo y la integración latinoamericana, que Chile necesita y que hemos defendido e impulsado tradicionalmente; a escoger bien a sus (nuestros) aliados en el concierto de las naciones; y a no actuar impulsiva e instintivamente cuando se trata de la política exterior. Estamos dispuestos a trabajar con el gobierno en una política exterior de Estado, teniendo como único norte el servicio a los intereses permanentes de la nación.

Mariano Fernández

Carlos Figueroa

José Miguel Insulza

Heraldo Muñoz

Juan Gabriel Valdés

Ignacio Walker