Cristian Villegas Director Instituto de Educación y Lenguaje Universidad de Las Américas
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 (ILIA) ha generado un reporte que invita a reflexionar en torno al estatus de esta tecnología en la región. A nivel de avances, países como Ecuador o de Centro América como Costa Rica o República Dominicana, han ido acortando sus brechas en matera de conectividad e infraestructura tecnológica, lo que permite que la región se vaya nivelando, sin embargo, a nivel regional, ha faltado la gobernanza de esta herramienta.
En materia educativa se ha avanzado en la alfabetización digital, y si bien es incipiente, existe preocupación en relación con la integración de la IA, lo que requiere de iniciativas más fuertes que potencien la formación y la actualización tanto nivel escolar y sobre todo en educación superior para avanzar en la especialización y actualización de habilidades que hoy son clave.
El código abierto en materia de inteligencia artificial abre una oportunidad interesante a la región, permitiendo desarrollos propios, pero aun dependiendo de modelos chinos y europeos que han apostado por esta modalidad en contraste con los de Estados Unidos, quienes han apostado por ser cerrados. Actualmente Brasil, Chile y Argentina están tomado la delantera en la generación de desarrollos potentes y con potencial de crecimiento.
El índice arroja una advertencia que se debe considerar en la región, asociada a que varios países han generado políticas y planes de desarrollo, pero con baja inversión o carencia de recursos humanos y de infraestructura digital, que no permite materializarlos, por lo cual quedan solo como declaraciones de intenciones.
Este es justamente el gran reto de América Latina para el 2026, avanzar desde la declaración de intenciones a la ejecución de sus planes, para lo cual es fundamental la cooperación digital, con foco en la generación de iniciativas propias que permitan personalizar el avance de la IA en la región en torno a sus propias necesidades y así evitar caer en una nueva forma de dependencia con respecto a las grandes potencias y consorcios que han tomado la delantera. Es un gran desafío donde la educación puede marcar la diferencia con una política que integre la innovación, la IA y el sistema educativo desde la época escolar.
