La travesía de 1951, impulsada por el Capitán de Bandada Roberto Parragué, abrió el cielo hacia la isla más remota y marcó un hito en la historia de la aviación chilena.
Por Departamento de Asuntos Públicos Fuerza Aérea de Chile
El sábado 20 de diciembre, la Fuerza Aérea de Chile realizó con éxito una Evacuación Aeromédica Crítica (EVACRIT) desde una de las zonas más alejadas del territorio nacional, Rapa Nui, trayendo al continente a una recién nacida con un grave diagnóstico, para que recibiera en la capital el tratamiento adecuado. Este hecho, que reafirma la misión permanente de la institución de proteger y servir al país, evoca inevitablemente una gesta histórica de la que se conmemoran 75 años: el Vuelo del “Manutara”, la operación que conectó por primera vez por vía aérea Chile Continental con el “Ombligo del mundo”, la Isla de Pascua.
La génesis de un sueño
Corría 1948 y el contacto con la Isla era solamente por mar. En ese año, el Capitán de Bandada Roberto Parragué Singer llega a Rapa Nui para plantear la posibilidad de unir la isla con el continente por aire, una aspiración de la Fuerza Aérea de Chile que él hizo suya. El alcalde Pedro Atán y la comunidad recibieron la idea con entusiasmo y comenzaron, a mano y sin maquinaria, la construcción de una pista de 400 metros en Mataveri. Un trabajo voluntario que llevó dos años de preparar el terreno para la hazaña, por parte de la comunidad isleña.
Pero no solo era contar con un lugar para aterrizar. Había que conseguir las autorizaciones, el apoyo de las autoridades de la época y realizar todos los preparativos.
Pasó el tiempo y el jueves 11 de enero de 1951, el diario La Nación titulaba “El próximo miércoles será iniciado el raid aéreo a la Isla de Pascua”, mientras que sus primeras líneas indicaban que “el anfibio Catalina “Manutara” N° 405 de la Base Aeronaval de Quintero deberá despegar desde el Aeródromo de La Serena el miércoles 17 para iniciar el más importante raid que se haya realizado en Chile”.
El despegue desde La Serena
En el atardecer del viernes 19 de enero de 1951, desde el aeródromo La Florida de La Serena, despegó la aeronave anfibio Catalina OA-10A N°405, llegada a Chile desde Canadá en 1950 y bautizada “Manutara” (“pájaro de la buena suerte” en lengua Rapa Nui). Como primer piloto iba el Capitán Parragué, en tanto que los Tenientes 2° Alfredo Aguilar Cerón y José Núñez Rousseau eran el segundo y tercer piloto, y el Subteniente Sabino Poblete Alay como el cuarto piloto, quienes enfilaron rumbo hacia la lejana posesión chilena de la Isla de Pascua.
Como mecánicos, integraron la tripulación el Sargento 1° Gilberto Carroza y el Sargento 2° Héctor López Celedón; mientras que los radiotelegrafistas eran los Cabos Mario Rodríguez y René Campos. Además, el Comandante de la Base Aero-Naval de Quintero, Comandante de Grupo don Horacio Barrientos se sumó como Comandante de la aeronave.
Miles de personas, incluido el Presidente Gabriel González Videla, fueron testigos del despegue, momento que marcaría la historia de la aviación nacional.
La travesía sobre el Pacífico
Diecinueve horas y 22 minutos, cubriendo una distancia de 2.047 millas náuticas (3.791 km) sobre el océano Pacífico, fue la duración del vuelo. La fragata “Covadonga” y el vapor “Allipén” sirvieron como puntos de referencia y abastecimiento. El sábado 20 de enero, el Catalina aterrizó en la improvisada pista de Mataveri, en medio de la emoción de los isleños que veían por primera vez un avión descender en su territorio, cumpliendo así un importante objetivo estratégico, de política y prestigio nacional, ya que se consolidaba la soberanía de Chile en la isla, a la vez que se exploraban nuevas rutas aéreas.
El regreso fue accidentado: una ola dañó el avión durante el intento de despegue nocturno, obligando a desarmarlo y traerlo en barco al continente. Pese a ello, la hazaña ya estaba inscrita en la historia y la memoria colectiva del país.
El legado de Parragué
Roberto Parragué Singer (1913–1995) fue un pionero de la aviación chilena. Su visión y perseverancia lograron la aprobación presidencial para la operación, por la cual venía trabajando desde 1937. En 1959 hará la travesía por segunda ocasión, esta vez de ida y vuelta, consolidando la ruta aérea hacia Rapa Nui y reforzando la soberanía chilena sobre el territorio más remoto del país.
El impacto cultural, estratégico y la presencia FACH, 75 años después
El vuelo del Manutara tuvo un profundo impacto en la historia nacional. marcando el inicio de la conectividad aérea con la isla y transformó su relación con el continente, haciendo más frecuente y en menor tiempo el acceso a dicho territorio. Su trascendencia se proyecta hasta el día de hoy, ya que representó el fin del aislamiento extremo de la isla y sentó las bases de la conectividad que sostiene la vida moderna en Rapa Nui. Gracias a este precedente, se habilitaron las rutas aéreas que hoy permiten el flujo constante de suministros, servicios de salud y el desarrollo de una industria turística que la ha convertido en un Sitio Patrimonial de la Humanidad reconocido por la UNESCO.
Este evento no solo fue un logro técnico, sino el resultado de un esfuerzo conjunto donde la Fuerza Aérea de Chile desempeñó un rol fundamental al gestionar la logística y coordinar con los habitantes locales la preparación de la pista de aterrizaje, cumpliendo así con la promesa de integración y desarrollo establecida años atrás.
A partir de ese día el nombre de la FACH y de nuestro país, quedaron grabados en la historia de la aeronáutica mundial, iniciando una profunda relación de amistad y cooperación con esta lejana y aislada zona en medio del Océano Pacífico.
Una vez consolidada la ruta e inaugurado el Aeropuerto Mataveri, la Institución estableció la Escuadrilla de Búsqueda y Salvamento Aéreo de la Isla de Pascua, Unidad dependiente de la IIª Brigada Aérea, que además de cumplir con su labor primaria, también asiste a la comunidad isleña en caso de emergencia.
Asimismo, y de manera permanente, desde 1995 la Fuerza Aérea realiza un importante Operativo Médico – Dental, donde una vez al año, traslada especialistas y profesionales de la salud, además de equipamientos tecnológicos con la misión de atender a la población local.
Además, a través de sus aeronaves institucionales, la FACH efectúa el traslado de jóvenes desde y hacia el continente para que puedan llevar a cabo sus estudios escolares o superiores.
El Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio conserva testimonios y exhibiciones sobre el Manutara. Documentales y registros en YouTube, como ‘La Resignificación del Manutara’, mantienen viva la historia y el legado de esta proeza.
Hoy, con la presencia permanente de la Fuerza Aérea, el Vuelo del Manutara se recuerda como un hito que abrió el cielo entre Chile continental y Rapa Nui. El Catalina N°405 no fue solo un avión; fue el puente que transportó soberanía, esperanza y unidad nacional. Setenta y cinco años después, su vuelo sigue inspirando a nuevas generaciones de aviadores y ciudadanos, resonando los pulsos de ese mensaje en clave morse escrito por el Comandante Barrientos: “Esplendida navegación y feliz aterrizaje en Mataveri. ¡Viva la FACH y viva Chile!”.
