Vacaciones: mucho más que descansar

Santiago, 6 de enero de 2022

 

  • Andrés Ried, académico de Campus Villarrica de la UC y doctor en Ocio y Potencial Humano (Universidad de Deusto, Bilbao, España), reflexiona acerca de la relevancia de las vacaciones. «Más allá de la idea popular o extendida de que ocio es un equivalente sólo al descanso, el ocio se ha entendido a lo largo de la historia de la humanidad -salvo en los últimos 400 años aproximadamente- como un camino predilecto para el conocimiento, la búsqueda de la verdad y de la felicidad». 

 

¿Qué es lo que se nos viene a la mente cuando pensamos en vacaciones? Esta pregunta nos remite a reflexionar sobre qué es lo que aspiramos a hacer y disfrutar en nuestros tiempos de libre disposición. Inmediatamente algunos se tentarán a homologar este tiempo con el ocio y el no hacer nada, pero debo advertir que no es de modo alguno un sinónimo.

 

Más allá de la idea popular o extendida de que ocio es un equivalente sólo al descanso, el ocio se ha entendido a lo largo de la historia de la humanidad -salvo en los últimos 400 años aproximadamente- como un camino predilecto para el conocimiento, la búsqueda de la verdad y de la felicidad. 

 

Estas semanas de libertad, emergen como un tiempo privilegiado para ese ocio. Lo habitual es que en los primeros días se piense en dormir, lo que es una reacción natural para volver a estar vital y activo. Pero salvo excepciones esta recuperación, al menos desde el punto de vista físico, se puede lograr en poco tiempo, cambiando la rutina, durmiendo un poco más y liberándose de obligaciones. Unas vacaciones y un descanso de calidad se pueden lograr, por ejemplo, visitando un lugar natural.

 

La ciencia no solo ha comprobado la propiedad restauradora de la experiencia en la naturaleza, sino que en los últimos años se ha evidenciado que, si estas experiencias las desarrollamos con nuestros familiares o amistades, los lazos que se forjan en estas vivencias son de un carácter más duradero y profundo.

 

Tal parece que el hecho de compartir en un lugar donde las jerarquías y las normas no son las mismas que en la vida formal y cotidiana, bajo el amparo de bosques, aguas, playas, montañas, aves y/ animales silvestres, hace que las personas desarrollen relaciones más honestas y horizontales, lo que facilita la generación de una experiencia de comunidad, cariño y cercanía extraordinaria. 

 

Hay que aprovechar ese tipo de experiencias de ocio en las que el cuerpo y el espíritu se reconforta, donde los vínculos entre las personas se estrechan y se crean recuerdos que nos unen y encuentran. Esto es especialmente necesario, fundamental diría yo, luego de este largo periodo de confinamiento y distanciamiento. Estas vacaciones pueden y deben transformarse en una experiencia re-creadora de nuestra energía y ánimo para enfrentar y sobretodo disfrutar el porvenir.

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