Por Miguel Alvarado Natali

Nueve adolescentes de entre 13 y 17 años son las que suben a escena para representar alguno de los más de 140 testimonios reales de violencia de Género, acoso sexual, bullyng y hasta femicidio, que el director Marco Layera (“La Imaginación del Futuro”, “La Dictadura de lo Cool” a través de un proyecto de creación colectiva con talleres en distintos puntos de Santiago diera forma a “Paisajes para no Colorear”, donde además las jóvenes aportan sus propias vivencias, las cuales llegan a conmover al público. Cada una de ellas va expresando aquello que le irrita de su entorno: “Sí mamá tú hija no salió tan hetero como pensabas”, “Si lloro no es porque ando con la regla ok” “Me carga que crean que soy una delincuente solo porque vivo en Puente Alto”. Son algunas de las frases que van apuntando al rechazar el hecho de que los adultos seamos el centro de la sociedad, la cual está construida bajo nuestros términos, ideas y prejuicios. Layera quien ha señalado que hacer teatro en Chile, es un acto político y un acto de amor, comienza la obra con un escrito en pantalla donde cuenta cómo fue la reacción de las autoridades del Ministerio cuando mostraron este proyecto teatral y como la estigmatización que se tiene de las adolescentes los llevó a decir que son histéricas, enamoradas y hasta que podían quedar embarazadas.

“Paisajes para no colorear” es una obra sublime, colérica, con grados de humor pero dramatismo a la vez – muy bien interpretados por estas actrices adolescentes- donde el juego en una rosada casa de muñecas va revelando lo más miserable de nuestra sociedad, la vulnerabilidad a la que están expuestas nuestras niñas, no solo en la calle sino que en el colegio y en sus propios hogares. La puesta en escena incomoda a los padres presentes y el clamor, la rebeldía y la revelación de lo que piensan las chicas va más allá de un simple descargo de emociones, es la sociedad entera, sus cánones establecidos por generaciones que aquí van quedando en jaque.

Con una escenografía simple de una casa de muñecas con ruedas se logra un resultado funcional al montaje y una atmósfera ideal, donde las actrices amateur ocupan muy bien el espacio escénico y los tiempos de movimientos son sincronizados logrando sacar un mayor provecho al escenario en su totalidad. Las luces y el telón de fondo donde se proyectan de vez en cuando fotos y videos, están muy bien calzados. Es notable la transmisión en vivo que hacen Ariel (14), Ignacia (13), Sara (16), Paula (16), Daniela (15), Angelina (14), Constanza (17), Rafaela (16) y Arwen (14) desde el interior de la Casa de Muñecas, con cámara en mano cantan a todo pulmón y llenas de pasión hasta caer en una catarsis colectiva, la canción “Tu Falta de Querer” de Mon Laferte.

Este montaje hace alcances a nuestra sociedad machista, al conservadurismo de esas señoras pechoñas de la Unión Demócrata Independiente y al programa de Joaquín Lavín que pretendía prevenir embarazos o hacerse cargo de la guagua, esta performance atrapa al espectador, tiene buen ritmo y una fuerza expresiva casi desgarradora en sus monólogos, coreografías y música. El clímax se produce en la trágica recreación de la muerte de Lissette Villa, quien a los 11 años fue asfixiada al interior de una casa del Sename, a causa de una brutal técnica de “contención” llamada el “sushi” que consiste en envolver a un menor con una frazada y luego aplastarlo.

“Paisajes para no colorear” escarba el sentimiento de los adolescentes, sus desahogos, ese paso de niña a mujer y la violencia de género que el entorno ejerce sobre ellas. La muñeca inflable que se mantiene en el escenario es como muchas veces las adolescentes se ven, desnudas y usadas. No hay dudas que esta obra es provocadora, derriba ese mito de que los adolescentes no tienen opinión o no les importa quién los gobierna y nos hace reflexionar sobre lo que estamos haciendo mal y los cambios que requiere nuestra sociedad, esta que al parecer le falta justicia social y una mirada más profunda a esas niñas que hoy más que nunca sacan la voz.