Para mantener el crecimiento, las economías emergentes y en desarrollo deberían volver a establecer espacio macroeconómico e impulsar la productividad

CIUDAD DE WASHINGTON, 8 de enero de 2019.  Según las proyecciones, el crecimiento económico mundial se reducirá del 3 % (cifra revisada a la baja) en 2018 al 2,9 % en 2019, en medio de crecientes riesgos adversos del panorama económico, según declaraciones del Banco Mundial emitidas el martes. El comercio internacional y la actividad manufacturera se han atenuado, las tensiones comerciales siguen siendo altas y los mercados financieros de algunos de los grandes mercados emergentes han experimentado considerables presiones.

Según el informe Global Economic Prospects (Perspectivas económicas mundiales) de enero de 2019, se anticipa que el crecimiento de las economías avanzadas caerá al 2 % este año. Se prevé que la disminución de la demanda externa, el aumento del costo del endeudamiento y la persistente incertidumbre en materia de políticas influirán en las perspectivas de las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Cabe esperar que en 2019 el crecimiento de este grupo de países se mantenga estable en un 4,2 % (una tasa más baja de lo que se había previsto).

Descargue el informe sobre las perspectivas económicas mundiales de enero de 2019.

La recuperación económica en los países exportadores de productos básicos se ha estancado, en tanto que la actividad de los países importadores de dichos productos se está desacelerando. En 2019, el crecimiento per cápita no será suficiente para acortar la brecha de ingresos con las economías avanzadas en aproximadamente el 35 % de las economías de mercados emergentes y en desarrollo, porcentaje que aumentará al 60 % en el caso de los países afectados por la fragilidad, los conflictos y la violencia.

Varios acontecimientos podrían frenar aún más la actividad económica. El aumento de los costos del endeudamiento podría deprimir los flujos de capitales y provocar una ralentización del crecimiento en muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo. El incremento de la deuda pública y la deuda privada en el pasado podría acrecentar la vulnerabilidad a los cambios de las condiciones de financiamiento y de la actitud del mercado. La intensificación de las tensiones comerciales podría resultar en un menor crecimiento mundial y perturbar las cadenas de valor interconectadas a nivel mundial.

“Un crecimiento económico sólido es esencial para reducir la pobreza e impulsar la prosperidad compartida”, dijo Ceyla Pazarbasioglu, vicepresidenta de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del Grupo Banco Mundial. “Frente a un panorama de la economía mundial menos auspicioso, y para poder enfrentar las actuales incertidumbres y revitalizar el crecimiento, será fundamental fortalecer la planificación para contingencias, facilitar el comercio y mejorar el acceso al financiamiento”.

En los capítulos analíticos del informe se abordan importantes temas de actualidad:

n  El sector informal representa alrededor del 70 % del empleo y el 30% del producto interno bruto (PIB) en las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Dado que este sector se asocia con una menor productividad y menores ingresos tributarios, así como con un mayor nivel de pobreza y desigualdad, estas cifras son sintomáticas de oportunidades perdidas. Reducir la carga impositiva y regulatoria, mejorar el acceso al financiamiento, ofrecer una mejor educación y mejores servicios públicos, y fortalecer los marcos de ingresos públicos podría contribuir a igualar las condiciones entre el sector formal y el informal.

n  La vulnerabilidad a la deuda en los países de ingreso bajo va en aumento. Si bien el endeudamiento ha permitido a muchos países atender importantes necesidades de desarrollo, la mediana de la relación deuda/PIB de los países de ingreso bajo se ha incrementado y la composición de la deuda se ha orientado hacia fuentes de financiamiento de mayor costo basadas en el mercado. Estas economías deberían enfocarse en movilizar recursos internos, fortalecer las prácticas de gestión de la deuda y de las inversiones, y establecer marcos macro-fiscales más resilientes.

n  No hay garantía de que puedan mantenerse las tasas de inflación históricamente bajas y estables en las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Las presiones cíclicas que han mantenido baja la inflación en la última década se están disipando paulatinamente. Los factores a largo plazo que han contribuido a reducir la inflación en los últimos 50 años —el comercio mundial y la integración financiera, y la adopción generalizada de sólidos marcos de política monetaria— pueden perder impulso o revertirse. Mantener baja la inflación mundial puede resultar tan difícil como haber logrado bajarla.

n  Las políticas orientadas a atenuar los efectos de las fluctuaciones de los precios mundiales de los alimentos pueden tener consecuencias no deseadas si muchos gobiernos las implementan de manera descoordinada. Las intervenciones gubernamentales pueden brindar un alivio pasajero, pero la adopción generalizada de medidas probablemente exacerbe las escaladas de precios de los alimentos, afectando con más fuerza a los pobres. Por ejemplo, las políticas comerciales aplicadas durante el alza del precio de los alimentos de 2010-11 puede haber representado más de la cuarta parte del incremento del precio mundial del trigo y el maíz. Dicha alza llevó a la pobreza a 8,3 millones de personas (casi el 1 % de la población pobre de todo el mundo).

“Los responsables de formular las políticas tendrán dos prioridades importantes para superar los problemas asociados a la informalidad en las economías en desarrollo: diseñar políticas tributarias y sociales para igualar las condiciones entre el sector formal y el informal, y fortalecer la movilización de ingresos internos y la gestión de la deuda”, dijo el director del Grupo de Análisis de las Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial, Ayhan Kose. “Ante un panorama económico más sombrío, estos esfuerzos se vuelven más importantes aun”.