Nicole Martínez
Ex dirigenta estudiantil y Magister en Gestión y Políticas Públicas.

Parece que existe una constante tensión entre las políticas públicas impulsadas por este gobierno en materia educativa y las organizaciones de trabajadores de la educación. Uno impone y el otro responde.

Un claro ejemplo es que, en marzo de este año, mientras el ministro Figueroa pedía la vuelta a clases, los docentes se oponían a la medida por la falta de seguridad e insumos y la Asociación Nacional de Funcionarios de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Ajunji) anunciaba movilizaciones. No es posible que este diálogo insista en ser unilateral.

Sin ir más lejos, esta semana el Colegio de Profesores y Profesoras, llamó a “Paro Social por la Educación y los Derechos de las y los Trabajadores” en todo el país ya que desde el 1 de octubre, el gremio docente arrancó una serie de movilizaciones pidiendo que se cumpla el acuerdo del reajuste salarial del 16%. Sin embargo, tras varios días de huelga y manifestaciones, aseguran que no hay voluntad política para llegar a un acuerdo con el Gobierno, que plantea un insuficiente tope del 11%.

Si retrocedemos en el tiempo, las pocas e inexistentes vías de comunicación no son el único problema. La indolencia y desconexión con la realidad pedagógica pandémica también es parte de la situación. Hace poco más de un mes la Red de Docentes Feministas de Chile (Redofem), realizó un estudio donde participaron más de 13.363 docentes de todo el país, afirmaron que la carga laboral llegó a aumentar en promedio a 16 horas diarias durante la pandemia.

La carga laboral no es algo reciente o solo causado por la crisis sanitaria. Según un estudio realizado por el Instituto de Investigación Avanzada en Educación (IE) y del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, el 20% de los docentes dejan el ejercicio al quinto de trabajo a causa del agobio y estrés que conlleva la labor educativa, no es posible que tales factores afecten a personas que ponen su vocación por delante y ahí es fundamental la labor de quienes pueden cambiar las cosas mejorando las condiciones laborales.

A solo semanas de las elecciones de noviembre, es importante hacer memoria de quienes están realmente por buscar soluciones con los actores relevantes en materia de educación y quienes más que aportar, solo hacen política desde la desconexión y en base a la polémica. Necesitamos un congreso y un gobierno valiente, que pongan a disposición sus herramientas para mejorar las vidas de quienes se encargan de construir un futuro digno para la niñez y adolescencia de Chile.